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jueves, 28 de octubre de 2010

Fuerte, fuerte, fuerte.

Siempre habría elegido el vaso medio lleno, pero, últimamente el vaso se vaciaba solo, intentaba encontrar su lado optimista entre todos los papeleos, no lograba encontrar el documento de la fuerza que siempre llevaba consigo y perdió exactamente la mitad de su risa de camino a casa, volvió a buscarla pero desafortunadamente no hubo suerte, el día era demasiado gris, su color, demasiado pálido.

Tras una ducha fría con un ligero sabor a vainilla pudo recordar. Había olvidado sacar la fuerza del bolsillo derecho de los pantalones del martes por la mañana, los papeleos le hicieron olvidar que su lado optimista estaba detrás de la puerta de la confianza y al cruzarla encontró a su sonrisa esperando enfadada por su tardanza quien en menos de un segundo consiguió colorearle los labios de rojo y sonrojarle las mejillas.  
Tras la tormenta, llega la calma.
C.

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