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lunes, 25 de octubre de 2010

Inevitable.


Sus ojos me contaban que su mirada era tan pícara como su sonrisa.
Sentía como hablaba sin mover los labios, sobraban las palabras, era inevitable. Los sentidos actuaban solos, sin ayuda. Podía ver sin abrir los ojos, no necesitábamos respirar, su aire era mío, mi aire era el suyo.
Entrelazamos las manos, me abrazó, nos besamos muy dulcemente, suspiramos, y de puntillas se alejó.
Volvió a respirar.

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