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domingo, 26 de diciembre de 2010

Su nombre me hace fuerte.


Me ha recordado absolutamente todo lo que me hacía falta recordar. Tal vez, ha sido mejor que su regalo viniese por estas fechas, en las que realmente lo necesitaba.

Aquella “cutre forma”, como tú llamas a la forma de conocernos, ha sido de las mejores cosas cutres de mi vida. Y ¿Cómo algo tan cutre pudo convertirse en algo tan sumamente grande?
Dios mío, no he podido evitar las lágrimas y mucho menos las sonrisas, ha sido capaz de plasmar exactamente mis palabras, me he visto reflejada en su forma de escribir. Y creo que es simplemente porque es de las personas que más saben de mí.
Me ha recordado todos y cada uno de los momentos únicos, unos más insignificantes que otros, pero, todos únicos. Sabe que para mí las pequeñas cosas son muy importantes y significa mucho para mí que los recuerde absolutamente todos tanto como los recuerdo yo.

Además, ha sido capaz de recordarme quien soy, y nunca nadie me había definido tan exactamente como soy,  con mis defectos y virtudes, o como tú dices “TAN CLAUDIA”. Siempre con los pies en la tierra y capaz de decir NO aunque quiera decir lo contrario.
Últimamente, yo misma no sabía nada de mí, necesitaba reconocerme y no lo lograba. Supongo que por mil cosas a la vez. Y supongo que por un carácter, una forma de ser, y una forma de cometer errores impropios de mí.
Gracias por recordarme quien soy, por recalcar que mi sonrisa era lo que solía destacar de mí. Mi reír y no parar.

Y es que, no simplemente hay recuerdos del pasado, sino también recuerdos del futuro que están por llegar. Porque no pienso dejar de recordarlos nunca, y porque jamás nadie podrá sustituirlos. Si es capaz de recordar hasta mi forma de temblar, mi forma de llorar y mi forma de hablar como una insolente, yo soy capaz de recordar todas y cada una de las cosas que le hacen ser quien es, llamarse como se llama. Si tuviese que definirle en una palabra creo que tendría que incluir miles de facetas en una, y tal vez solo podría escribir su nombre.

Habla de que le guarde siempre un hueco en mi vida, pero es que jamás nadie podrá ocupar ese hueco.
Gracias por aparecer siempre en el momento oportuno, cuando más te necesito, cuando nadie te lo pide y simplemente apareces.

“Escenas únicas de las que no hay imágenes pero están grabadas en mi mente como un tatuaje en la piel”

Te quiero.
Claudia.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Sometimes, music talks.


La música me ha prometido que cada lágrima que no deje caer se convertirá en valor. Dice que si mis pies no pueden más dejaré de pisar el suelo para empezar a volar, que una vez volando seré más fuerte que todo el daño y que todo eso que odio. Me ha contado que cuanto más consiga expresar, cuando más grite sin abrir la boca y sobretodo cuanto más sea capaz de llorar sin dejar de volar, más fuerte seré.

Después, tras convencerme, me ha hecho gritar sin borrar la sonrisa, gritar cuanto odio odiar esto y gritar las razones por las que puedo gritar riendo, los hechos que de verdad valen la pena, los que me deben ayudar a conseguir no pisar el suelo. Dice que el día más importante será ese en el que llore de verdad, el día que llore con ganas por ser capaz de dejar de imaginar que vuelo y consiga verme volar, dice que lloraré al no creer lo que estaré viendo.

Con los pies ensangrentados, tras tres horas de no parar,  me ha hecho caer al suelo, pero caí tan lentamente que no me hice daño.
No podía preguntarle el porqué de todo esto, cuando he intentado preguntarle ha dejado de hablar. Y a pesar de todo, caí sonriendo.
 
Mis pies me han dejado volar, ha sido tan facil como contárselo a la música.

C.

lunes, 13 de diciembre de 2010

El último empujón.

Será una semana horrible, llena de llantos, asquerosamente fea, asquerosamente estresante, ¿ Habrá algo bueno esta semana?
A pesar de todo, creo y solo creo que sobreviviré. Cuatro gritos y listo.

FED UP. FED UP. FED UP. FED UP!

Positividad! vuelve!

C.

martes, 7 de diciembre de 2010

En dirección prohibida.

A dos segundos de perder la cabeza. A dos segundos de conducir en la dirección más prohibida y pasar de cero a doscientos en menos tiempo del que tardamos al pestañear.
El frío del exterior incapaz de evitar el calor insoportable de la ropa de invierno. La ropa que en realidad quiere sobrar.

La sensación de querer que, si llueve, llueva con ganas. La sensación de saber que el lado bueno de la lluvia es capaz de alejarte de absolutamente todo aquello que no te apetece recordar.La pasión repentina por las películas cuyo final nunca recuerdas.
 

La sensación de querer y evitar querer, la tentación de lo prohibido, la tentación que consigue volverme loca.


C.