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jueves, 25 de agosto de 2011

Historias.


Querrá escaparse y dejar a un lado la multitud. Saldrá de casa con los labios rojo pasión y caminará sola a un ritmo ligero con la música a reventar en sus oídos y su cámara colgada del cuello para no perder ningún detalle. Reirá por las pequeñas cosas que tanto le encantan, por los gestos de la gente o por las cosas que nadie observa. Parará a escuchar a los músicos por la calle y aplaudirá cuando terminen, no hay cosa que más odie que la gente que deja la propina y no se para a escuchar. Tras el café habitual pasará por ese lugar sin poder evitar el brillo de sus ojos al observar el parqué a través de los cristales y bajará el sonido de la música diez segundos para escuchar el ruido de los pasos sobre él. Abrirá los ojos a la vez que la puerta y no tendrá más que recogerse el pelo y dejar que su cuerpo hable. Una hora, dos o doscientas cincuenta nunca serán suficientes.

Al salir, volverá a recuperar el paso ligero para poder continuar con una rutina maravillosa  que consista en hacer lo que le venga en gana, rutina que tendrá lugar en el sitio que más le apetezca estar: New York, París, California o incluso el lugar más peculiar de Australia.

Mirará el reloj cada dos por tres porque sabrá que a las nueve y cuatro minutos pasará a buscarla. Será él porque las horas llegarán a parecerse a milésimas de segundo, porque parecerá imposible dejar de hablar. Será él porque estará completamente acostumbrada a un “buenos días princesa” y a un “descansa mi amor”. Y porque estará segura de que al mirar su teléfono móvil tendrá algo que leer, algo que no siempre acabará con un “te quiero” porque ambos sabrían que es una valiosa palabra como para acabar diciéndola por costumbre. Se sentirá intrigada por saber cómo será el día que le espera, al igual que entusiasmada por hacer que su día sea el mejor de todos. Nunca sentirá menos que ayer sino que siempre será menos que mañana y tendrá confianza plena en un equilibrio que no sabe de “cincuentas por ciento” sino que habla de “cien por cien”.

Habrá trabajo, claro que sí. Habrá tiempo para todo, para los amigos, la familia, para el mejor de los amores y sobre todo para ser completamente quien es, para su mundo, ese mundo que construye y que la tiene enamorada.
No existirá mejor forma de empezar un día de su historia. O tal vez la historia se repita día tras día.

Puede que ella sea una experta en sueños pero, ¿Quién no escribe su historia? 
Never ever give up.

Cdf.

martes, 2 de agosto de 2011

Never give up.



He vuelto, llegué el 27, pero realmente no había tenido tiempo de pararme a pensar. El caos mental me lo impedía, era tan inmensamente grande que no era capaz de escribir ni una sola palabra.
Si, cumplí todo lo que me propuse, empecé a plantearme mil cosas que tenía pendientes, nunca es tarde. Pude elegir el destino de mis estudios, lejos, perderé de vista a muchos y echaré de menos a unos cuantos más. Allí reí mil veces, lloré como la que más y lo más importante de todo, descubrí ese algo, el algo que sabía que me esperaba, una de las cosas que más me hizo cambiar o tal vez, despertar.

Vuelvo sonriente, y egoísta, ese era mi mayor objetivo, ser egoísta por una vez en la vida, un objetivo cumplido, ¡Me encanta!
Traigo una maleta que fue con 7kg y ha vuelto con 20, perfecto… pero no, no es eso lo más importante. Traigo miles de escenas, fotos, recuerdos, lugares, momentos, personas.

Ellos me acompañaron en los mejores de los días, me cuidaron los primeros que no los pasé nada bien, fiebre. Ella me subía el sándwich a mi habitación y nunca renegó por pasar día y medio de vacaciones en un hotel, entre cuatro paredes. Necesitábamos esto para echarnos más de menos aun cuando cada una tome su camino y para unirnos más cada vez que nos volvamos a ver. Con ella conocí muchos de esos lugares, compartí las mejores de las escenas y conocí a las mejores de las personas. Me pintó la sonrisa cuando me llegaron las malas noticias y orgullosa he de decir que lo consiguió, gracias por cuidarme, por hacer de enfermera y por no sonreír hasta que no sonreí yo: Gracia, te quiero.

En cuanto a objetivos… si, esta aventura fue mi única motivación en todo el año, mis ganas para poder concentrarme en Selectividad cuando todo me lo impedía. Sabía que habría algo, alguien o tal vez miles de “alguien” que me aportarían algo importante:
Manchester, Londres, Scarborough, Whitby, Huddersfield, York y Edimburgo, lugares que llevan iniciales escritas (Germans, Alex, Ferran, Edu, Kevin, Anna, Steve, Magdalena, Sidney, Carmen, Inma, Giovanna, Paloma, Tilly, Andrea, Meg, Keith, Ann,…), iniciales de las cuales me llevo un trocito de cada una.

Necesitaba respirar y lo conseguí, necesitaba salir sola y lo hice, pero lo más importante necesitaba hacerme ver a mí misma, despertarme, quitarme la venda que tanto tiempo me nublaba la vista. Lo conseguí, lo consiguió.
Apareció sin más, no pensé que fuese importante, no notó nada y sin querer lo cambió todo. Fue ese “algo”, ese “alguien”, cosa que comprendí cuando ya no iba a volver.
Esos, fueron esos los días en los que ella me dijo: “hacía tiempo que no te veía reír de esa forma”. Fueron los días que cambiaron Londres, los que no permitirán que piense en esa ciudad sin pensar en quien apareció de golpe y se limitó a sonreír.

England+Scotland 2011, increíble, inexplicable.
Claudia de Gea.